martes, 23 de mayo de 2017

EL COLOR DEL SILENCIO de Elia Barceló

De vez en cuando abandono mi natural querencia por la novela negra y policiaca para perderme en libros que me llegan de un modo especial. El color del silencio ha sido uno de ellos, no sólo porque todo lo que encierra es apasionante, creíble y actual incluso en los capítulos dedicados a los años previos a la Guerra Civil, sino porque el modo en que Elia Barceló nos lo narra es cautivador. Sabe envolvernos en una historia que hacemos nuestra con un lenguaje tan hermoso como preciso, muy sensorial, casi siendo capaz de transmitirnos los olores y la luz, de hacernos viajar desde nuestro sillón. Nunca había leído nada de esta autora y me alegra haber comenzado con esta novela. Leerla ha sido arroparme con sus palabras y sentir que yo también caminaba junto a los protagonistas. Y eso es impagable.

LA AUTORA: ELIA BARCELÓ


Nacida en Elda, Alicante, es profesora de Literatura Hispánica en la Universidad de Innsbruck, en Austria. Ha publicado novelas como El secreto del orfebre, que fue son la que saltó a la fama de manera internacional, El vuelo del hipogrifo y Las largas sombras. También es autora de La inquietante familiaridad, una tesis sobre los arquetipos del terror en los relatos de Julio Cortázar. Más conocida casi fuera de España que aquí, ha sido traducida a casi veinte idiomas y cuenta con un importante reconocimiento de crítica y público. Se la considera una de las autoras españolas más internacionales de la narrativa actual.


SOMBRAS EN UN CUADRO


Helena Guerrero, la famosa pintora reconocida internacionalmente, regresa a España desde Australia, su lugar de residencia, para acudir a la boda de su nieta. La relación con su hijo y su familia en general no es ni fluida ni amable, pero ha decidido no faltar al evento. Antes de su viaje a Madrid, Helena se ha sometido a un "constelación familiar", una terapia psicológica en la que ha tratado de enfrentarse a los miedos y culpas que lleva guardados desde hace años. Y es que en 1969 su hermana Alicia fue asesinada en Marruecos, cerca de la casa familiar que los Guerrero poseían allí, La Mora, hecho que la marcó profundamente al igual que a sus padres. Una vez en Madrid, la hermana de su madre pone en sus manos una caja llena de documentos y fotografías guardadas desde hace tiempo. Quizá en esa caja y en los recuerdos pueda haber respuestas a la muerte de Alicia y a muchas de las preguntas que Helena lleva como llagas en el alma. Y quizá también sea momento de volver a La Mora y enfrentarse a los fantasmas del pasado, esos que aparecen como una constante en forma de sombra sin forma en todos los cuadros de Helena.

AYER SOÑÉ CON LA MORA


Supongo que era inevitable, pero al leer esta primera frase de El color del silencio, recordé Rebeca, la inmortal novela de Daphne Du Maurier. "Anoche soñé que volvía a Manderley", decía al comenzar. Y, aunque parezca una temeridad por mi parte, creo que hay mucho de Rebeca en esta novela, salvando las enormes diferencias de época, estilo y argumento. Las dos protagonistas han de enfrentarse a sombras del pasado que marcan su vida. Al recuerdo de una muerte que nunca se resolvió y que es un peso que les lastra y no les permite la felicidad. Sin embargo, a diferencia de en Rebeca, en El color del silencio Helena Guerrero arrastra la pena inmensa por la pérdida de su hermana y su propio sentimiento de culpa por lo ocurrido. Alicia no es una sombra amenazante, como Rebeca. Fue su hermana, su confidente, su apoyo constante y no saber quién la mató ni por qué le duele a pesar del tiempo transcurrido hasta hoy.


La novela va a ir adelante y atrás en el tiempo, intercalando capítulos cortos en los que se describe alguna foto o documento de la caja que Helena ha recibido de su tía. Pero en ningún momento es complicada de seguir. Viajaremos a los años previos a la Guerra Civil, cuando los padres de Helena se conocen y se casan. Su llegada a Marruecos, al estar Goyo Guerrero, padre de Helena, bien relacionado para llevar a cabo allí sus negocios; la rehabilitación de la antigua finca para convertirla en La Mora y hacerla su hogar. La llegada de los hijos, sus alegrías y sus penas. 

En el presente descubrimos a una Helena que no es un personaje fácil. No resulta simpática, es complicado empatizar con ella. Dura, de férreas convicciones, capaz de responder a cualquiera de un modo cortante y desagradable. Iremos sabiendo cómo rompió con todo y se alejó de los suyos sin explicaciones, sin dar señales de vida. Que se casó y tuvo un hijo, pero que con él tampoco se sintió madre ni atada y acabó viéndole sólo algunas semanas al año. Que hizo de su vida lo que le dio la gana. Es cierto que resulta en cierto modo envidiable esa capacidad de tomar las riendas de su vida y hacer de ella lo que se le ha antojado. Pero no lo es su escasa capacidad para el afecto, lo poco que le importa lo que le pase a los demás, ni el daño que pueden causar sus decisiones. A lo largo de la novela iremos entendiendo muchas cosas de Helena, que se ha abierto camino como pintora en un mundo dominado por los hombres. Lo que vamos descubriendo nos va a permitir comprenderla mejor. 

La prosa de Elia es brillante, intensa. Tanto en el pasado como en el presente mantiene un contante interés en el lector. Las preguntas sin respuesta de Helena se convierten también en las nuestras: queremos encontrar los porqués. Helena es hija de Goyo y de Blanca y conocer su historia también nos abrirá el paisaje familiar ante nuestros ojos. Elia ha creado unos personajes sólidos, creíbles, llenos de matices que los humanizan. Sus vivencias, sus años felices, sus penas y sus tristezas les van convirtiendo en lo que llegaron a ser. Pero Helena es también la pareja de Carlos, un hombre que nos cautiva con su talante paciente y cariñoso, por ser la parte luminosa de las sombras de ella. También es la abuela de Almudena con la que, hasta para su sorpresa, empieza a tener una relación intensa y cómplice. Incluso es la madre de Álvaro, con el que jamás se ha comportado como tal pero que este regreso a Madrid puede servir para limar esquinas entre ambos.


No sólo El color del silencio es la historia de una familia y sus rincones oscuros, también toca episodios muy poco claros que aun siguen sin cerrarse. Las piezas del puzzle respecto a lo que no sabe de su familia y a lo sucedido con Alicia se nos van mostrando poco a poco, al ritmo que Helena, Carlos, Almudena y Chavi, su ya casi marido, van investigando y sacando cosas a la luz. Los recuerdos de Helena, a veces tamizados por el tiempo y por su propia percepción, las partes de narrador omnisciente en que se nos cuenta la vida de sus padres, los documentos que van saliendo a la luz, las cartas, los mails de Jean Paul, el que fue marido de Alicia y ahora agoniza en un hospital madrileño, el viaje a La Mora para tratar de cerrar círculos... todo ello nos va a llevar a entender que lo sucedido no es lo que parece.

Todos los personajes esconden partes ocultas, eso es lo que los hace tan reales. Los cambios de época en la narración son fluidos, en nada complican la lectura. Nos permiten, además, repasar episodios de la historia de España que aun sangran y para conocer otros sin perder el interés ni por un momento. Las descripciones son intensas, sobre todo las referidas a Marruecos, a Rabat y a la finca de La Mora, que es una suerte de paraíso que se llenó de vida gracias a los Guerrero pero que también albergó sus peores días. Quizá por eso la casa y sus jardines se convierten en un personaje más. Volver a La Mora tantos años después supone para Helena una catarsis y también una redención.

El color del silencio es la historia de una familia, pero también está llena de nuestra historia del siglo XX, con sus luces pero sobre todo con todas sus sombras. Una novela intensa, apasionante, completa, de las que cierras con pena por que acabe pero también con la alegría de que todo está completo, que no hay nada que te haya quedado pendiente. Creo que puede ser una de las novelas de este año, sin duda. Absolutamente redonda y totalmente recomendable.


lunes, 15 de mayo de 2017

ENCUENTRO CON ELIA BARCELÓ Y "EL COLOR DEL SILENCIO"

El pasado lunes 8 de mayo la Editorial Roca y Pepa de Qué locura de libros nos convocaron a los miembros del Club de Lectura a un encuentro con Elia Barceló en el Hotel Villa Real de Madrid. El lanzamiento de la nueva novela de Elia, El color del silencio, fue la excusa perfecta para una conversación relajada y apasionante en la que pudimos conocer detalles de la novela y del modo de escribir y crear historias de la autora. Elia Barceló tiene ya un gran bagaje literario, con varias novelas escritas, además de ensayos y cuentos. También obtuvo el Premio EDEBÉ de literatura juvenil en 1997. 

Por feliz casualidad, cuando llegamos al hotel, Elia estaba con Fernando Aramburu, el autor de Patria, que nos saludó uno por uno con su mejor sonrisa y se mostró encantado de posar en la foto de grupo, como podéis ver aquí. 


El color del silencio es una novela que cautiva de forma irremediable, escrita con elegancia y dosificando la tensión hasta la última página. Una historia familiar marcada por la trágica muerte de la hija mayor, Alicia, en Marruecos en 1969, muerte que su hermana, Helena Guerrero, jamás ha superado y por la que se sigue sintiendo culpable. Helena es un personaje potente, una mujer de 68 años de fuerte e indomable carácter, que ha conseguido convertirse en una de las pintoras más importantes de la actualidad. Pero la familia de Helena oculta también otros misterios además del crimen de Alicia, secretos que Helena, ahora que ha vuelto a Madrid a la boda de su nieta, puede tener la posibilidad de descubrir.

La conversación, como no podía ser de otra manera, comenzó centrándose en el personaje de Helena. Elia nos confesó que sabía que era alguien que no iba a caer bien. Es dura, directa, cruel a veces en lo que dice a los demás. Además prefirió alejarse de todo, incluso de su propio hijo, para vivir su vida sin ataduras y sin rendir cuentas a nadie. A medida que avanza la novela iremoa sabiendo los motivos que han empujado a Helena a ser como es, pero no resulta una protagonista amable ni una mujer convencional. Además se mueve en un mundo eminentemente de hombres (las pintoras son bastante niguneadas aunque tengan un talento descomunal) y en ese mundo Helena quiere reivindicar su valía y su obra. Y lo hace contra viento y marea. Le preguntamos a Elia si se había inspirado en alguien conocido para ella y nos aseguró que no, aunque sí tenía rasgos de varias mujeres a las que había conocido. Helena es quien es también por ser hija de quien es, de Blanca y de Goyo, unos padres de armas tomar. Su madre era muy moderna para la época y eso también la marcó.


Comentamos que uno de los escenarios más fascinantes de la novela era la finca de La Mora, la casa familiar en Marruecos, con sus jardines y su ambiente exótico y cálido. Un lugar que albergó los mejores momentos de la familia Guerrero pero también la llegada de la noticia del asesinato de Alicia mientras iba a recoger unas telas. La Mora pasa a ser un personaje más de la novela, por todo lo que significa para los protagonistas incluso con el paso de los años.

Al ser una novela tan intensa, con saltos constantes al pasado y al presente, le preguntamos a Elia por el modo en que plantea la escritura. Nos dijo que jamás usa una escaleta, ni esquemas previos, ni eso que hacen algunos autores de saber qué se va a escribir en cada capítulo y hasta con qué palabras. Considera que eso es trabajo y ella no concibe la escritura como tal. Sí que le da muchas vueltas al argumento durante un tiempo: imagina, "ve" lugares, escenas, resoluciones, pero lo hace mientras está inmersa en otras tareas cotidianas. Lo que sí tiene que tener claro es dónde empieza la historia y a dónde quiere llegar. A partir de ese momento sí que va imaginando escenas sueltas que le sirven como piedras para cruzar un río: los huecos de en medio están vacíos y esos son los que va rellenando cuando se sienta a escribir. Incluso puede despertar de madrugada con una idea muy clara en la cabeza, pero le da rabia que al encender la luz parece que se diluya. "Ojalá pudiese escribir a oscuras", nos confesó.

Al principio de la novela, Helena Guerrero se somete a una especie de terapia de grupo llamada Constelación. A todos nos había llamado la atención esta práctica, en la que uno de los miembros cuenta un episodio de su vida y otros hacen una "representación" de familia o amigos que estuviesen en esa situación, interpretando sus papeles. Pero sin saber nada sobre ellos. Elia nos contó que es una práctica muy extendida en Alemania y Austria entre gente de mediana edad y que tiene muchos parecidos con el psicodrama. Nadie sabe exactamente cómo funciona, pero parece ser que da resultados. En las Constelaciones pasan cosas raras pero que ayudan a las personas que están en ellas. A Elia le habló de ellas una amiga psicoterapeuta. También su propio marido, en un curso que realizó de mediación de conflictos, las descubrió y llegó a participar en alguna con resultados sorprendentes. 


Respecto al contenido de la novela, hablamos de que es una historia que alberga mucho dolor y sufrimiento, pero realmente ¿qué familia o qué persona no los arrastran también de diferentes maneras?. Lo único cierto es que cuando de verdad aprendemos, nos morimos porque cuanto más sabes , menos tiempo te queda y tus experiencias son algo que no se hereda, no se las podemos traspasar a nadie. Elia nos aseguró que a ella la literatura le ayuda a aprender "de segunda mano", para seguir acumulando experiencias. 

En El color del silencio, como exponía antes, hay constantes saltos del pasado al tiempo actual y viceversa, pero la línea argumental se sigue sin dificultad. Coincidimos todos en que ir de un tiempo a otro no supone ningún problema porque, además, están perfectamente diferenciados. La novela toca también el sangrante tema de los niños robados, una práctica habitual durante el franquismo y que, aunque sale de cuando en cuando cada cierto tiempo, al cabo de pocas semanas vuelve a acallarse. A Elia siempre le interesó el tema de las desapariciones, no sólo aquí en España sino en otros países del mundo. Recordó cómo el poeta argentino Juan Gelman le habló de su hijo y su nuera, desaparecidos durante la dictadura argentina. Ella estaba embarazada. Gelman supo que había dado a luz una niña pero nada de lo que pasó con ella, por eso de embarcó en una cruzada personal para encontrarla. 

Posteriormente tuvo muchos datos de lo que había sucedido en España con los hijos de los "rojos", dados en adopción a familias afectas al régimen. Incluso nos contó los experimentos que un reputado psiquiatra de la época, entregando a hijos de "rebeldes" o republicanos a familias de "probada rectitud" para comprobar si primaba más la genética o la educación dada por los nuevos progenitores

Elia nos aseguró que escribir El color del silencio le había hecho sufrir mucho, porque ella siempre quiere sentir lo que sienten los protagonistas. Además siempre ha pensado que lo que escribe le tiene que gustar a alguien más que a ella. Sus historias vienen siempre de la vida misma y la vida no tiene género, no es masculina ni femenina. Simplemente es. También nos hizo partícipes de que su novela favorita es El Mago de John Fawles, una novela gótica que mezcla el thriller, una historia iniciática, conceptos filosóficos y toques eróticos. Es una búsqueda de la autenticidad individual que nos recomendó a todos. 

Hubo tiempo después para que nos firmase los ejemplares y para las fotografías de rigor. Elia nos emplazó para la próxima Feria del Libro de Madrid, en la que estará, para volver a encontrarnos. 

Hemos decubierto no sólo a una escritora con mucho que contar y con un concepto de la literatura y el arte de escribir fascinantes, sino una mujer cercana, cálida y llena de matices que sabe trasladar a quienes la escuchamos o la leemos. Desde aquí sólo puedo recomendaros que os dejéis atrapar por El color del silencio, una novela maravillosa y en la que los silencios de años acabarán por romperse para recuperar los colores de la vida plena.

Gracias a Pepa y a la Editorial Roca por esta estupenda tarde.

lunes, 8 de mayo de 2017

ENCUENTRO CON JAVIER ALONSO GARCÍA POZUELO, AUTOR DE "LA CAJITA DE RAPÉ"

El pasado 28 de abril, en nuestro lugar de encuentro habitual, el Café de Oriente, el club de lectura contó con la presencia de Javier Alonso García Pozuelo. Javier acaba de publicar su primer libro con la editorial Maeva, La cajita de rapé, una novela policiaca ambientada en el Madrid de 1861 y protagonizada por el inspector Benítez. Antes del encuentro ya habíamos hablado entre nosotros del fantástico trabajo que ha hecho Javier en la recreación del Madrid de la época no sólo en cuanto a lugares, calles o edificios sino también la gastronomía, la vestimenta de los personajes y hasta los olores. 


Javier llegó puntual a la cita con un fantástico buen humor y ganas de participar, lo que convirtió el encuentro en una tarde en la que las risas y la complicidad estuvieron muy presentes. Traía consigo, además de su libro, un ejemplar de Los generales de Isabel II de José Luis Comellas, que contiene las biografías de Narváez, Espartero, O'Donell y Serrano y que fueron fundamentales en el reinado de Isabel. Particularmente, y lo confieso sin rubor, me quedé fascinada con el libro (que además cuenta con una edición muy cuidada) lo que provocó que Javier, con mucha guasa me dijese que me gustaba más éste que el suyo. 

Después de ponernos al día en cuanto a lecturas comunes, gustos, anécdotas y pedir una primera ronda, le preguntamos a Javier cómo surgió la idea de esta novela. Nos confesó que después de haber estudiado para médico y de trabajar varios años como profesor en una escuela que preparaba a estudiantes de medicina para sus exámenes, descubrió que todo eso no era lo suyo. Y respecto al tema, lo eligió porque el siglo XIX le gusta especialmente, aunque lo fue descubriendo poco a poco. Su interés por la historia se despertó en el pueblo de La Solana en el que escuchó muchas historias de la Guerra Civil pero sin ningún rencor, simplemente como experiencias vividas y eso le impactó sobremanera. A partir de ese momento empezó a leer libros de historia: primero de la Gran Guerra y después de la Guerra de la Independencia, que le fascinó especialmente. Ese fue el punto de partida.

Respecto al protagonista, el inspector Benítez, le preguntamos si estaba basado en alguien que conocía. Nos contó que sus padres vivían en San Blas, un barrio periférico de Madrid, pero mientras estudió la carrera vivió con sus abuelos. En el mismo edificio vivía su tío Gabriel con el que tiene una gran relación y en él se basó un poco para el personaje. La acción de la novela se centra sobre todo en el barrio de La Latina (cercano a la Plaza Mayor y el actual Rastro) que en la época de la novela tenía bastante importancia. Famosos eran sus edificios galdosianos, las tabernas, los cafés... Además le daba bastante juego, nos aclaró, porque en esa zona  podía describir también las casas de viviendas de la zona más al sur de Madrid: las famosas corralas con un patio central y baño común. El contraste de los dos tipos de vida en el mismo barrio le pareció muy interesante.

Javier explicó que ha intentado ser muy fiel a la época y a la vida cotidiana de ese momento, incluyendo la prensa, lo que se comía, los menús... lo que más le importaba era transmitir verosimilitud aunque luego haya licencias literarias pero que no afectan en absoluto a la veracidad de los datos. De ahí el detallado trabajo de campo y de documentación. Aclaró que a veces no es necesario patearse las calles y los escenarios para hacerse una idea, pero sí es imprescindible conocerlos con detalle para no caer en errores. Hay un momento en la novela en que el inspector Benítez camina hacia comisaría con otro de los personajes y se habla hasta de la inclinación de la calle. Él sí se visitó con detalle La Latina (barrio que debe su nombre a Beatriz Galindo, apodada "la Latina" por sus conocimientos de esta lengua y en otros muchos campos, y que contó con la confianza de Isabel la Católica nombrándola preceptora de sus hijos) adentrándose además en portales y casas que aun se conservan de la época. La ubicación de dónde se comete el robo existe al igual que el lugar en que se hallaba la comisaría, en la calle Atocha. 

Al principio tenía cierta inseguridad y se obsesionó porque cada lugar del que hablaba hubiese existido realmente. La tienda de huevos que se menciona al principio de la novela estaba realmente en esa calle en la que, según documentos de la época, también había una trapería y un prostíbulo. Hoy día ya no están por eso hay que hacer un buen trabajo de imaginación.


El trabajo para escribir la novela le llevó unos cuatro años. Algo más de uno se lo llevó la tarea de documentación y, tras acabar ésta, eligió el barrio. La Latina le tiraba mucho por la mezcla de ambientes que existía en esa segunda mitad del siglo XIX. Ha intentado cuidar incluso la manera de hablar de las diferentes clases sociales y también de algunas regiones y eso sí que le llevó tiempo. En cuanto a las licencias, se las permite en la narración pero no los anacronismos porque, como decía antes, la verosimilitud es lo que prima en toda la novela.

En cuanto a la elección de Maeva como editorial, nos explicó que ésta hace poco que se ha lanzado a publicar a autores nacionales y están intentando abrirse a ese mercado. Con su novela han hecho una excepción adelantando la publicación para que se produjese antes de la Feria del Libro de Madrid. Además está muy agradecido porque le aceptaron la novela tal cual, sin apenas cambiar nada. Javier aseguró que él si que cambió cosas porque el primer manuscrito tenía casi 600 páginas y el crimen del principio (esto no es spoiler, está en las primera páginas) sucedía pasadas las cien primeras. El sufrir el rechazo de una gran editorial, muy fundamentado, le abrió los ojos a reducir el número de páginas y colocar el crimen al principio para mantener el interés desde ese momento.

Respecto al título, La cajita de rapé, está basado en un objeto que sale en la novela y que él colocó como un "Macguffin" (un elemento que hace que los personajes avancen en la trama pero que no tiene relevancia en si mismo, es una excusa argumental) que los protagonistas van siguiendo pero que no tiene importancia. Es un símbolo: aparece tarde en la novela y como símbolo de algo terrible. 

La cajita de rapé es una novela escrita en presente, algo realmente poco habitual, y lo hizo porque cree que así se mantiene la tensión con más intensidad. Fue un reto personal porque buscaba la inmediatez en los sucesos que narraba y seguir a los protagonistas al mismo ritmo que ellos avanzaban. Se forzó a escribirlo como alguien que estaba viviendo en la época. 

La conversación en todo momento fluyó con naturalidad y con muchos momentos divertidos, porque Javier es muy cercano y con un arrollador sentido del humor. Al finalizar tuvimos firmas y fotos y la promesa de volvernos a encontrar pronto en la Feria o en otros encuentros. Será un auténtico placer.

Gracias a Javier, a Pepa Muñoz de Qué locura de Libros por organizarlo y a la Editorial Maeva


lunes, 17 de abril de 2017

SYLVIA de Celso Castro

Había visto la portada de la novela en redes, pero tenía (y tengo) tanto pendiente por leer que casi no le presté atención. Hasta que leí un comentario de Noelia Terciado, del blog Leer al acostarme, en el que hablaba maravillas de ella. Su opinión es de las que más de fío y más cuando me aseguró que era un libro que me iba a gustar, que tenía que leerlo, que era diferente y muy intenso. Y aquí estoy dispuesta a darle la razón por completo. 

Sylvia no tiene nada que ver con nada que podamos leer. No sólo por el estilo utilizado por Celso Castro, con su absoluta falta de mayúsculas, sino también por la manera con el protagonista se dirige a nosotros: en primera persona y casi lanzándonos sus verdades y su existencia a la cara, a veces de forma caótica, como haríamos cualquiera en una conversación en un bar o entre amigos. Soprende la profundidad con que habla de sus sentimientos, de sus miedos, de su vida. Del amor devastador que siente por Sylvia que duele, sí, pero que también le ofrece esperanza.

EL AUTOR: CELSO CASTRO


Nacido en La Coruña en 1962 (o en 1957, depende de quién y cómo se le pregunte) comenzó enla literatura escribiendo poesía. Sus primeras obras las publicó con el seudónimo de M de Venganza. Colabora con revistas de poesía y crítica literaria como Nordés y Clave Orión. Además de dos obras de antología poética, la narrativa de Celso Castro está muy influída por la poesía. La ausencia de mayúsculas da a sus obras una estética muy particular que sumerge al lector en un universo muy especial.

ENTONCES LLEGÓ SYLVIA, LLEGÓ EL AMOR DE MI VIDA


Sylvia es la historia de un amor que desgarra y que redime, una historia nada fácil narrada en primera persona por un casi adolescente de apenas veinte años (quizá algo más, muy poco). Es su historia de amor, de la pasión que el protagonista siente por Sylvia, una mujer bella, culta, cosmopolita, mayor que él, subdirectora de la revista de poesía Minotauro. Pero también es su propia historia, bajo los recuerdos de un padre muerto en circunstancias traumáticas, con la presencia y los cuidados casi obsesivos de su madre, con sus problemas de autocontrol aumentados por las drogas y el alcohol.

Discrepo mucho con el resumen de la contraportada del libro cuando habla de que el amor del protagonista por Sylvia no es correspondido. A veces los resúmenes ayudan poco, y este es un ejemplo claro.

¿CUÁNTOS LABIOS CABEN EN UN BESO?


El protagonista de Sylvia no tiene nombre. Celso no nos lo da en ningún momento. Y esto, junto con su modo de escribir sin mayúsculas, es marca de la casa desde siempre. Es un anonimato buscado, para que quienes leemos podamos sentirnos dentro de él, podamos entenderle cuando habla desde sus propias entrañas. También es muy joven, casi adolescente, algo que se ha repetido en novelas anteriores del autor como entre culebras y extraños (está bien escrito, ya sabéis, en minúsculas), aunque en ese caso lo es aun más. Y, como un hilo conductor, también está sobreprotegido por su madre.

La manera de narrar de Celso Castro es visceral, extraña, pero llega dentro. No necesita las mayúsculas para que nos quedemos pegados a sus páginas. Sí utiliza signos de puntuación y aparece de modo constante el uso de guiones, a veces explicando, a veces como segundos pensamientos y, a priori, esto puede echar para atrás a más de un lector "normal" (con todo mi respeto a esa definición). Para mí ha sido una delicia, a pesar de que el constante discurrir del monólogo del protagonista a veces se hace a mordiscos con la vida, a puro dolor.

No es el primer autor que escribe saltándose las normas oficiales de la gramática. Recordemos la obra Cómo Es de Samuel Beckett, un libro de ochenta páginas que el autor escribió sin ningún signo de puntuación. O las frases eternas, llenas de subordinadas, de Marcel Proust en En busca del tiempo perdido, porque Proust detestaba los puntos y sentía un amor desaforado por las comas. En el caso de Sylvia Celso se limita a evitar las mayúsculas. Sólo eso. Pero llega un momento en que ni siquiera eres consciente de que es así.

Como os decía antes, discrepo profundamente con el resumen de la contraportada del libro cuando habla de un amor no correspondido. Sylvia sí ama al protagonista a pesar de la diferencia de edad y a pesar de los muchos problemas que el chico arrastra, con un historial de desequilibrios y violencias ya amplio. Si no le amase ¿para qué casarse con él? ¿por qué su enorme tristeza cuando él quiere dejarla? Nuestro protagonista, a pesar de tener un interior devastado por su propia historia personal, se considera poeta. Y es capaz de pensamientos tan intensos y llenos de metáforas que nos quitan el aliento:

"...noto un chasquido en la cabeza, como una descarga cerebral, como un chispazo eléctrico que me recorre el cuerpo entero, me lo atraviesa de arriba abajo ¿entiendes? y al momento esa electricidad se transforma en un desfile de muertos apretujados, una hilera larguísima, interminable de muertos (...) y...lo que te decía, que siento todos esos muertos dentro de mí, arrastrándose ¿no? arrastrando los pies por unos senderos de color azul pálido, muy sucio y desvaído, y desapacible, frío... y me van caminando por dentro..."

Ambientada en La Coruña, es fácil reconocer las calles y lugares por las que el protagonista se mueve. Suele reunirse con amigos de inquietudes parecidas en un bar, que es donde conoce a Sylvia. Y ella pasa a ser su amor con mayúsculas en un mundo de minúsculas. Pasa a ser destino, inspiración, obsesión, único punto de referencia. Pero también inseguridad, temor a perderla casi sin tenerla aun, dolor cuando ella no dirige sus ojos a él en exclusiva. Sylvia también le ama. Hay algo muy tierno en el amor de Sylvia. Quizá ve el desvalimiento de él, su necesidad de ser querido... pero es diez años mayor, tiene una vida hecha y no podemos reprocharle que quiera seguir con ella porque su mundo, al contrario que el del protagonista, es más grande que sólo amor. El protagonista vive, se nutre, duerme y siente sólo por Sylvia y para Sylvia. Ella, aun amándole, tiene más amplias sus fronteras.


La relación del protagonista con su madre es algo más que sobreprotección. El padre murió de forma extraña y su figura permanece sobrevolando el hogar familiar, con recuerdos dentro de una vitrina que más parece un exvoto al que adorar. Ahí está su pasado, un pasado que no le gusta y que le tiene lleno de costuras sin cerrar, pero no puede dejar de mirarlo. Quizá por eso, en una de sus crisis, la emprende a golpes con ella y la destroza, para no tener que seguir mirándola. Su madre hace lo posible y lo imposible por él y, como no podía ser de otra manera, no ve con buenos ojos a Sylvia. Una Sylvia de la que sólo sabemos lo que el protagonista nos cuenta de ella; nada de sus pensamientos, de sus decisiones. Pero creo que los actos hablan por ella: por las veces que le consuela, por el modo en que le trata, por la dulzura de su cariño. Incluso cuando en un momento tiene que irse unos días, lo único que tenemos delante es la desesperación creciente del protagonista, que lo toma como un abandono y que le va hundiendo en un pozo cada vez más oscuro. Pero Sylvia vuelve. Y con ella la luz y el amor.

Nuestro joven protagonista apenas tiene nada más en su vida que sus recuerdos, su inestabilidad, su mal control de los impulsos y sus adicciones (de las que se nos habla como de algo que a él le ayuda a controlarse). No trabaja, no estudia, no tiene nada más en su vida que el amor por Sylvia. Y esa sensación que que a quien ama es lo único verdadero y lo único que le ata a la vida. Es algo fácil de entender, a pesar de todo. Cuando a nuestro alrededor todo se ha derrumbado con estrépito y acumulamos un desastre tras otro, sentir que amamos y que nos aman es lo más parecido a una redención. Pero también puede hacernos caer en la locura. La simple ausencia del amado nos destroza porque sólo deseamos estar con ella, con él, sentir su calor, escuchar su voz. Y la distancia nos hace pensar que el amor que nos tiene desaparecerá con la misma velocidad con que se aleja. Para el protagonista, Sylvia acaba por ser lo más parecido a un dios: es su referencia, su pasión y su credo. Todo lo que hay alrededor no es nada, ella es la luz, la que le dice esas cosas que lleva toda la vida queriendo escuchar y que le acaricia no sólo con las manos, sino con su atención y su cariño.

Por eso la posibilidad de perderla se vuelve enfermedad, dolor físico y gritos. Y a pesar de lo que la quiere, sabe darle donde más duele. Ahí seremos conscientes también de la fragilidad de Sylvia, de cómo no es cierta la afirmación de que ella no le ama. Simplemente su amor es, creo, más maduro y tranquilo, no arrasa con todo. Lo vive con pasión pero no lo sufre desangrándose a cada paso, como él.

No todo en Sylvia es tan demoledor. Hay golpes de humor realmente geniales, reacciones del protagonista con las que no sabes si echarte a reir o pegarle dos gritos. Pero sobre todo es una novela que, en su brevedad, sabe meterse debajo de nuestra piel. ¿Que no es una lectura con las habituales? Cierto, pero ahí está su magia. Dadle la oportunidad de que os toque con su varita.

Gracias Noelia, por recomendármela. Y gracias a Alba Fité y a Destino por la complicidad.




sábado, 15 de abril de 2017

I CERTAMEN LITERARIO "LETRAS Y DIEZMO" - GANADORA -

A principios de año mi gran amigo José Ramón me pidió colaborar en una de sus fantásticas iniciativas. Desde que se hizo cargo del Hotel Rural La Casa del Diezmo en Buitrago (Soria), ha retomado sus inquietudes culturales y su pasión por la organización y, por entonces, había decidido convocar un certamen literario de cuentos en los que la temática debía girar en torno al espíritu numantino. Buitrago se encuentra a poca distancia de las históricas ruinas de Numancia, famosa por su heroica resistencia ante los ejércitos romanos, así que la inspiración era casi obligada. José Ramón me pidió que fuese jurado en el concurso y, aunque consideré que la tarea me quedaba grande, a él nunca puedo decirle que no. Sólo me pidió una cosa: que publicase en este blog el relato ganador y aquí estoy, cumpliendo mi palabra y orgullosa de haber tomado parte como jurado en el certamen, que ha contado con un buen número de relatos de una gran calidad.


El relato ganador lleva por título Hasta ellos se equivocan y su autora es Esther Domínguez, a la que se le hará entrega del fantástico trofeo creado para la ocasión en fecha próxima. Aquí os lo dejo.

GANADOR I CERTAMEN LITERARIO "LETRAS Y DIEZMO"

HASTA ELLOS SE EQUIVOCAN - Esther Domínguez.

Los dioses contemplaban el malestar de los numantinos. Desde su mirador, observaban  los distintos grupos que se unían o se dispersaban para formar otros nuevos que continuaban discutiendo. Hasta sus oídos llegaban las opiniones. Un pastor se quejaba, los techadores habían dejado su trabajo. Los hombres que vigilaban el valle desde la muralla agarraban sus lanzas. Las mujeres lloraban y los ojos de los niños reflejaban miedo. Hasta los perros ladraban sin motivo aparente y el pelo de los gatos estaba erizado. Una diosa algo corta de vista –esas cosas también les pasan  a los inmortales- intentaba identificar los rostros, los rictus. Al no conseguirlo, se dio por vencida y se volvió al dios principal.


  - ¿Qué les pasa?


  - Los romanos andan cerca. Los humanos discuten si sería mejor rendirse a las legiones o plantarles cara.


 - ¿Se rendirán? –la divina cabeza negó, el gesto triste. - ¿Se les enfrentarán? - nuevamente la cabeza se movió, esta vez, afirmativamente.  La diosa temió preguntar. Finalmente lo hizo. - ¿Cómo acabará todo esto?


 La respuesta llegó como un  trallazo. –Muy mal. Los romanos son muchos y los numantinos  muy pocos.


 La diosa no se dio por vencida. -¿Por qué no paras a esta gente? Tú todo lo puedes.


 -Son demasiado orgullosos. Contra eso, poco puedo hacer.


 -¿Y los romanos? ¿Tampoco?  -La diosa calló. ¿Qué más podía decir? El dios la miró con gesto avergonzado.


 -Les dimos demasiada ambición a unos y demasiada dignidad a los otros. Cuando  acogieron a los fugitivos de los Bellos y ganaron la batalla a Roma, se granjearon  el odio eterno de un imperio humillado. No supimos ver el peligro –se encogió de hombros. –A veces, hasta los dioses nos equivocamos.


Todos se fueron retirando en silencio. El mirador quedó vacío. En el cielo nubes de tormenta.




miércoles, 5 de abril de 2017

SEGUNDA EDICIÓN DE LOS PREMIOS "VUELA LA COMETA"

El pasado mes de noviembre se falló la segunda edición del Concurso Vuela la Cometa, de Arola Editors. Los que me seguís sabéis que el pasado año os traje al ganador y al finalista en sendas reseñas y organicé un sorteo de ejemplares que la propia editorial se encargó de enviar a los ganadores. Este año ha resultado ganadora la novela Habrá valido la pena de Daniel Morales y finalista El alma dividida de Luciano Sívori.

El Concurso Vuela la Cometa es un premio internacional de narrativa en castellano dirigido a menores de 38 años. En esta última edición se han presentado más de noventa manuscritos. La edición de las obras ganadora y finalista se hace siempre de cara a Sant Jordi y a la posterior Feria del Libro de Madrid y la editorial suele aprovechar para promocionar un título más, por su interés para los lectores. En ese ocasión será Tarraco 179 d.C. Colonia y Metrópoli de Xavier Climent. 

Próximamente os informaré de las inciativas que Arola Editors va a poner en marcha para la promoción de los nuevos autores, con fechas de presentaciones y firmas, y también del sorteo de ejemplares que organizaré aquí en el blog. Siempre es importante dar a conocer a nuevos talentos y concederles un empujoncito de cara a la promoción. 

Os avanzo las portadas y los resúmenes.


Habrá valido la pena. Daniel Morales. Hannah es una chica inteligente, educada y bonita. Lo tiene todo para ser feliz pero hay demasiadas cosas que no entiende. El sexo, por ejemplo. Todos dicen que no hay nada mejor, pero a ella le está costando cogerle el truco. O la vida, en general. A Hanna le han dicho que debe vivir al máximo, pero ¿en qué consiste tal cosa? Eso no se lo han dicho. Ha nacido en un mundo, el nuestro, donde ya nadie sabe por qué o contra qué luchar. Hoy todo es o aburrimiento o diversión, y ni lo uno ni lo otro dan para llenar una vida; nos cansamos de ambas cosas y pensamos: ¿y ahora qué? Y nadie responde. Hay quien se resigna y hay quien, como Hannah, se lanza a la búsqueda de respuestas que la llevará a embarcarse en aventuras alucinantes, conmovedoras, diveridísimas, y a conocer a personas inolvidables.



 


El alma dividida. Luciano Sívori. El hijo primogénito de un maltratador soportó en silencio las humillaciones y golpes que recibía su madre hasta que un día su hermano menor, sordomudo, se interpone entre ellos y es también objeto de la ira paterna. Alberto, de 23 años, reacciona entonces violentamente propinándole tal paliza que sumergirá a su padre en estado de coma y, a él, lo llevará a huir incrédulo sin comprender cómo ha podido ensañarse de esa manera. En su devenir averiguará si él es la buena persona que creía ser o es el monstruo que de tanto mirar al abismo, como afirmó Nietzsche, acaba sintiendo que es el abismo el que lo está mirando a él.






Tarraco 179 d.C. Colonia y Metrópoli. Tarraco se complace a sí misma. Son los años de apogeo dentro del globalizado mundo romano. Anfiteatro, Circo y Teatro resplandecen en los juegos de Augustus. Sin embargo, el bienestar de la colonia, desde donde la Metrópoli gobierna la mitad de Hispania, se altera por la acción de un desaprensivo sobre el 'Aqua Maior', el principal acueducto de la ciudad. Marcus se verá obligado a resolver el problema. Pasiones obsesivas, vidas licenciosas, amistades inquebrantables, luchas, traiciones, recuerdos, huidas, reencuentros y venganzas crean la trama de esta novela que, como todos los caminos, conducen a Roma. Allí Fabia, hija de su anfitrión, enciende en Marcus una llama que creía extinta, mientras le guía por algunos de los edificios y foros más espectaculares de la capital del Imperio que gobernó sus vastos territorios bajo una sola ley, una sola lengua y un único culto. Pero el sosiego y la calma parecían no tener cabida en el mundo de Marcus.






lunes, 3 de abril de 2017

PRESENTACIÓN DEL PREMIO PRIMAVERA DE NOVELA 2017

El pasado jueves, 30 de marzo, se presentaba en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la novela ganadora del Premio Primavera de Novela 2017. Este año ha recaído en No soy un monstruo, de la periodista Carme Chaparro, galardón que en el momento en que se hizo público tuvo sus más y sus menos. Son muchas las voces que se muestan poco partidarias de que premios con esa importante dotación económica (y un mínimo de ejemplares en primera tirada muy alto) se concedan a personajes famosos o a autores con cierta fama, ya que preferirían que sirviesen para sacar a la luz a nuevos talentos. Nunca suelo juzgar antes de leer un libro, ya me he equivocado varias veces y he optado por esperar a hacerme una idea propia. Además el resumen de la novela ganadora tiene innegable atractivo, os contaré en cuanto pueda disfrutarla con calma. Pero sí es cierto que un nombre conocido junto al título tiene un gran tirón de cara a los posibles lectores y las editoriales, al fin y a la postre, se mueven por volumen de ventas, ventas que redundan en beneficios que, a su vez, pueden favorecer que se publiquen títulos de autores noveles. Conste que con esto no quiero decir en absoluto que los premios importantes se concedan sólo por un nombre o una fama, pero sí recojo un debate que en las últimas semanas se ha reactivado.



La cita, como os decía, era a las 8 de la tarde en el teatro del Círculo de Bellas Artes, decorado para la ocasión. La presentación del acto corrió a cargo de las televisivas Pepa Bueno y Nuria Roca, aunque en primera instancia tomaron la palabra Ana Rosa Semprún y Ramón Pernas para introducir el acto. Explicaron que a esta XXI Edición del Premio Primavera de Novela se presentaron más de mil manuscritos que obligaron a un trabajo ingente del equipo de lectura, que son los que han de elegir las mejores para pasarlas al jurado. Lo sorprendente, afirmaron, es que este año apenas hubo discusión en las deliberaciones del jurado porque sus miembros quedaron fascinados por una autora desconocida que les entusiasmó con su novela, de la que no supieron el nombre real hasta quese abrió la plica. Están convencidos de que todo el que lea la obra ganadora la considerará uno de los thrillers del año y no dudaron en resaltar que Carme Chaparro es una autora que ha llegado para quedarse. 


A continuación, en el escenario del teatro convertido en el Monte del Pilar, con las ruinas del Palacio de Cotoblanco tras los árboles, las presentadoras y Carme comenzaron una agradable charla sobre el libro y su contenido. El motivo de elegir esa ambientación y esas ruinas tiene su explicación en la novela, ya que en ellas sucede algo importante que no quisieron desvelar. Pepa Bueno comenzó destacando que No soy un monstruo es un trhiller actual que tiene como columna vertebral una investigación policial, pero que también trata de esos acontecimientos cotidianos pequeñitos que pueden determinar el resto de nuestra vida. En la novela se habla, además, de los medios de comunicación con una gran valentía y en ella vamos a encontrar no sólo misterio e investigación sino que también están la vida, el amor y el  monstruo que todos llevamos dentro pero que nunca queremos reconocer que existe.

Carme, para ponernos la miel en los labios, comenzo hablándonos de una escena del principio de la novela en la que una madre debe tomar una decisión dolorosa y complicada. Pero ¿eso la convierte en un monstruo? Posteriormente iremos viendo cómo hay varios personajes que han de decidir si sale o no el monstruo que llevan dentro. Preguntada por Nuria Roca de dónde salió la historia, qué la inspiró, Carme contó que su experiencia como presentadora de informativos tuvo bastante que ver en ella, porque en uno de ellos tuvieron que contar un caso muy parecido al de esa madre. Eso le despertó algo dentro y lo primero que pensó fue en el final. Lo hizo así porque hasta que no se lee la última línea del libro no hay una explicación para todo, todo encaja como un puzzle. Al conocer aquella historia en el informativo se planteó qué habría sucedido si alguien hubiese sido culpable de lo ocurrido y no se tratase sólo de un accidente.

Respecto al amplio "trabajo de campo" policial que Carme tuvo que hacer para documentar la novela, la autora nos contó que la generosidad de varios miembros de la Policía Nacional ha sido fundamental para que la investigación quedase creible. Incluso llegaron a crearse un grupo de whatsapp en el que ella formulaba preguntas y ellos respondían o le explicaban determinados pormenores. El grupo, dijo entre risas, funcionaba las 24 horas y le sirvió para dar mucha verosimilitud a cómo se indaga en las entrañas de un caso complicado. 

Nuria se mostró interesada por el modo en que Carme había logrado compaginar la escritura con su trabajo en televisión y la familia. Carme aseguró que se tenía que "sacar" la historia de dentro y, para eso, se llevaba el ordenador a todas partes. Que, incluso, hubo un personaje, Laura, que se le ocurrió en una visita al dentista. Lo que ha intentado es que todo lo que sucede en la novela sea rápido, que se quiera seguir leyendo porque la acción va a bastante velocidad. Hay en No soy un monstruo capítulos muy duros que escribió desde las tripas. Pero la segunda parte, la más trepidante, la escribió despues de una parada terapeútica de dos semanas, tiempo que necesitó para interiorizar el sufrimiento de algunos personajes y para recolocarse a sí misma.

Respecto a lo muy cinematográfica que le ha resultado la novela a Pepa Bueno, se le preguntó a Carme sobre si le gustaría ver su obra en la pantalla del cine o de la televisión, y Carme aseguró que le encantaría. Por temática, por ritmo y por tensión podría ser perfecta en imágenes.


Tratando de resumir un poco, Carme cerró el acto manifestando que No soy un  monstruo es una novela negra que tiene como protagonistas a dos mujeres muy distintas entre sí pero sobre todo muy fuertes. Y están acompañadas de personajes masculinos también fuertes, muy sólidos. Los monstruos que escondemos no siempre salen, pero esta novela indaga sobre la posibilidad de que sí suceda, incluso del alma de las mejores personas. Y nos invitó a conocer su novela y a disfrutarla.

Posteriormente se sirvió un cóctel en la Sala de Columnas, anexa al teatro, en la que pudimos charlar con otros blogueros y miembros del Grupo Planeta en un ambiente distendido y muy agradable, lo que cerró la presentación de la mejor manera posible.

Gracias a Laura Fernández y al Grupo Planeta por la invitación y por darme la ocasión, un año más, de disfrutar de una tarde literaria fantástica.